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19.11.10

La Cantina de Bernarda (Parte 4)

Parte 1
Parte 2
Parte 3

Los últimos años de los ochenta y los primeros de los noventa, fueron los de mayor popularidad para la cantina. Sanchez Tori, en cada visita que hacía a Buenos Aires, traía de visita a sus amigos artistas, muchos de los cuales al igual que Estela, seguían viniendo por su cuenta. El sitio se convirtió en parada obligada para la bohemia porteña y todos adoraban a Bernarda y Estela como a un mismo Dios, que revelaba su indómito brío en una, y al mismo tiempo su apacible hermosura en la otra.
Aunque los precios, como también los ingresos, se fueron multiplicando; el tano le tenía autorizada a Ramón cierta condescendencia para con los clientes de la primera hora. Esta holgura económica permitió que la cantina cumpliera en el barrio un rol social de cierta importancia. Las actividades, al ser realizadas de día, no contaron jamás con la presencia de Bernarda; pero a pesar de ello, la gente se sentía agradecida especialmente con ella porque percibían que, de algún modo, todo eso era posible gracias a su figura.
Todo esto fue cambiando con el correr de la década del noventa. Las políticas neoliberales, pero sobre todo la magnitud del cambio en el neocortex social, fueron generando un creciente desinterés por todo lo que ese espacio representaba. Una parte importante de la troupe que frecuentaba el lugar comenzó a ausentarse, lanzados a la búsqueda de los medios que aseguraran su subsistencia. La familia Mondragón que ya era rica, se volvió exageradamente rica; trasladando su morada a un palacete en Mónaco durante los seis mejores meses del año. Estela, a pesar de ser fuertemente hostigada para trasladarse con ellos, permaneció en Buenos Aires conviviendo con los criados, quienes de esta forma se convirtieron en guardianes que velaban por su comportamiento, aprontados para utilizar el discado directo internacional en cuanto se desviara de los cánones aceptables.
La niña de todos modos no les ocasionó mayores trastornos, pasando sus tardes leyendo y escribiendo, y por las noches asistiendo a la cantina con una actitud más distante de lo habitual. Bernarda en esta etapa comenzó un nuevo rampage de desquicio, tal vez inconcientemente buscando un equilibrio en el ambiente, tal vez concientemente intentando despertar a su amada del letargo en el que se encontraba. Lo concreto es que la mayoría de los presentes estábamos convencidos que Estelita sabía que se había escapado de su lugar en el mundo, y que inevitablemente habría de regresar allí. Y que entonces, esa marchites que proyectaba era fruto ni más ni menos del profundo entuerto con el que hacia sus adentros se debatía.
Una noche Bernarda se apareció por la residencia de Avenida Alvear. Fuera de sí, gritaba hacia la ventana de la señorita Mondragón que termine su sufrimiento, y que si era tan importante para ella que se fuera a chuparle la penca al burro con toda su familia de weones culiaos. Estela entre lágrimas solicitó al personal de seguridad que la retiraran de las inmediaciones y que por favor se ahorren el llamado a Mónaco. Alertados nosotros la noche siguiente llegamos todos temprano a la cantina para hacerle el aguante a Bernarda, que ya estaba desde primera hora de la tarde bebiendo en silencio. Intentamos que la noche transcurriera lo más rutinariamente posible, y Rubén llamó a Ricky Rovner, una especie de Johnny Tedesco más venido a menos que el propio Johnny Tedesco, para que viniera más temprano. Mas no pudimos conseguir que Bernarda se levantara de su silla, sólo bebía y lloraba, y volvía a beber. Esa noche se festejaba un cumpleaños, y pasada las diez había bastante gente que estaba ajena a la situación y se divertía de lo lindo, para tranquilidad de los dueños. Pero a eso de las doce y veinticinco, según quedaría asentado luego en los registros policiales, se apareció Estela, ostentando un atuendo que dejó inmediatamente sin aliento a la platea masculina. Entró y directamente se puso a bailar, un poco con los cumpleañeros, otro poco con nosotros, que inquietos intentábamos seguirle la corriente pero siempre atentos a la mesa de Bernarda, donde era muy fuerte comprobar que la silla que estaba vacía era la opuesta a la acostumbrada. Las alucinaciones de Estela, que estaba fuertemente dopada, provocaban sonoras carcajadas en los festejantes. Ricky alentado por la aparente algarabía, pidió más metros de cable y bajó a bailar en medio de la muchedumbre. Por algún motivo pensó que era una buena idea sacar a bailar a Estela, quien respondió la gentileza con un imponente baile sensual, con el que recorrió todo el cuerpo del señor Rovner y culminó con un apasionado beso en la boca y una evidente manoteada de bulto. De pronto fue como si una galerna azotara la totalidad de ese recodo de La Boca. Bernarda voltió varias mesas, recorriendo el espacio a pasos agigantados, los separó de un empujonazo y no escucho voz alguna, se perdió en el pasillo del fondo que daba al depósito y volvió con una botella en la mano como arma, la cual partió en la cabeza del pobre Ricky que cayó desplomado en el suelo. Eran inútiles los esfuerzos de las cinco personas que intentaban contenerla, con flexibilidad se les escapara como manteca a los que la agarraban por detrás y con una fuerza diabólica desplazaba a los que se le ponían por delate. Con la botella partida tenía la firme intención de terminar con su inesperada víctima, pero Estela ya había encontrado la faca propiedad de su padre, que había empezado a llevar consigo a partir de algún robo y en un confuso trenzamiento la abrió entera la yugular a aquel demonio chileno. La gente salía horrorizada a los gritos pidiendo ayuda, pero la ambulancia demoró una eternidad y la experiencia en primeros auxilios de los presentes era paupérrima. Junto con la ambulancia llegó la policía que encontró a Estela hecha un bollo en el suelo junto a su gran amor. Así se retiraron la última vez que pisaron el suelo de esta cantina, una en camilla, la otra del brazo de un cabo primero.
Bernarda falleció camino al hospital. La familia Mondragón retorno a la Argentina en el primer vuelo luego de ser anoticiados y, en breve, designaron al mejor abogado disponible para el caso de su hija que se resolvió en tiempo record. Estela pasó dos meses en el Pirovano dos meses de internación durante los cuales no supimos nada de ella. Luego de algunos incentivos monetarios a determinados funcionarios, fue trasladada a una clínica privada donde al poco tiempo le permitieron salidas a su casa durante los fines de semana. En ese tiempo, Estela estaba más de aquel lado que de este, recordando incesantemente a Bernarda, reviviendo cada instante que había pasado a su lado. Recordó todas las veces que habían conversado sobre el poético suicido de Lupe Vélez, acostada en una cama rodeada de flores, pero que no había salido del todo bien porque se descompuso y murió de un golpe al resbalarse con su propio vómito camino al baño. Pero Estela tenía la ventaja de conocer también la vida y muerte de la Pizarnik, y sabía que la dosis correcta para lograr su cometido eran cincuenta pastillas de Seconal, ofreciéndole ese último regalo de reunificación y perdón a su alma complementaria.
Los restos de Bernarda descansaban en una fosa común, pero cediendo tardíamente a las voluntades de su hija, consiguieron darles sepultura juntas en el panteón familiar. Allí igualmente van sólo los Mondragón, porque todo el mundo sabe que si quiere recordar a Bernarda y Estela, debe concurrir a Suarez y Necochea y dejarse hipnotizar por el aire festivo, y esa mesa con dos sillas vacías que ocupa el centro de la escena.

F I N

4.11.10

En su mayoría de origen peruano (Parte I)

El portazo metálico de la Renault Fuego resonó en todo el pasaje del Obrero Núñez. Eran las 4:45 de la madrugada y el aire se había puesto fresco y liviano, anunciando la eminente salida del sol. A Mario le parecía que esta era la época del año que menos lo hacía odiar este trabajo y sus horarios. Prendió su primer cigarrillo calculando las tres o cuatro cuadras que tenía hasta el sitio indicado. La distancia no obedecía a otra cosa más que a la precaución: si se armaba lío después podían volar piedras y terminaba pagando los platos rotos la pobre coupecita. Las primeras cuadras lo encontraron contento, con pasos largos; de reglamentario traje gris no sentía ni frío ni calor. Pero llegando a la esquina de la avenida Corrientes y Acuña de Figueroa ya le empezó a cambiar el humor: divisó primero el vallado metálico aprontado contra una pared y después a la macana de Galimberti que se bamboleaba toda por el paso rápido de su propietario, quién le salía al cruce:

- ¡Mario! Acá estás, apuremos que esto en 2 horas va a ser un infierno.

Peón de rey. Dos casilleros adelante. Clásica jugada de arranque. Allí fue Mario, ya está enfrente de la imponente puerta de madera dando dos (si claro, dos) golpes secos. Clásica también es la respuesta: no pasa nada, nadie responde, se labran las actas correspondientes y se llama a la fuerza policial para que fuerce la entrada. Pero esa mañana de Octubre algo imprevisto ocurrió. Peón de torre, un casillero adelante, ponele. Se abrió la puerta y atendió una señora embarazada, la cara era de miedo, pero al mismo tiempo parecía estar pidiendo perdón. La sorpresa le impidió sentir como una mano lo tomaba a la altura del cinturón y lo jalaba hacia adentro. En la oscuridad del interior le costaba ver, apenas pudo identificar unos pies con ojotas vedes. Sintió el caño del .38 en el abdomen y se dio cuenta de que quien lo sostenía tenía una contextura pequeña.

- Mirá hijo de puta, me importa una mierda lo que hagan con los demás, mi vieja y yo nos vamos a quedar en el baño del tercer piso. No te cuesta nada dejarnos, ella esta embarazada, somos dos. Portate bien porque te juro que te pongo. Chau, tomatelá puto de mierda.

Apenas lo empujaron hacia afuera sus compañeros lo pusieron a resguardo. Los ratis estaban como locos, querían entrar ya y hacer mierda todo. Pensaban que esto era una jugada de todos los que estaban adentro y sabían que si se habían atrevido a tanto la cosa se iba a poner brava en serio. Para colmo si llegaba a venir algún móvil televisivo ya no se iba a poder laburar. Realmente no tuvo tiempo de pensar lo sucedido, reaccionó recién cuando ya lo tenía al comisario a unos diez metros y estaba por iniciar el operativo.

- ¡Galimberti! – le gritó - …
- Eu
- … No nada, dejá.

3.9.10

La última crisis capitalista

Leyendo a Santiago Alba Rico tengo una especie de visión apocalíptica mezclada con sueño húmedo.
Los 950 millones de hambientos avanzan deborando paredes, semáforos y estatuas.
Los 4.750 millones de pobres salen a robar todos juntitos con su abominable número como única arma.
Los 1.000 millones de desempleados se ponen todos a trabajar, en lo que les da la gana.
El 50% de la población mundial activa se sienta en ese mismo instante en el suelo exigiendo condiciones laborales adecuadas, amenzando sumarse a los 1.000 millones de nuevos trabajadores libres.
El 45% de la población mundial migra al curso de agua potable más cercano y empieza a beber hasta secar las tomas de agua corriente.
3.000 millones de personas se ponen a cagar en las calles.
113 millones de niños invadiendo las mejores escuelas de elite del mundo, enseñandole a los pibes que encuentran ahi dentro como se juega al fúbol.
875 millones de analfabetos crean su propio idioma, el segundo más hablado del mundo después del chino.
12 millones de niños se dejan de morir, salen volando y se sientan cada uno en una nube, de modo que se vuelve imposible mirar al cielo y no ver uno de ellos.
13 millones de personas adquieren superpoderes debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático.
16.306 especies invaden las ciudades al mejor estilo Twelve Monkeys, las más violentas se ponen a destripar humanos, otras simplemente se dejan observar en su belleza inhibiendo cualquier reacción medianamente coherente.

¿Y las 1.000 empresas multinacionales y los 2.500.000 millonarios? Ah! Esos entienden que están presenciando la última crisis capitalista, que la revolución ha triunfado del modo más inesperado y deciden regalar todo. Onda como The Giving Pledge pero en serio, sin esperar a morir.

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Un post extraño, sabrán disculpar, era esto o ponerme a cantar "el piki-piki"

28.8.10

Negro Boludo

Hernán es mi mejor amigo desde primer grado de la primaria. Fuimos al club juntos y de vacaciones también. Durante mucho tiempo nos veíamos todos los días, pasando nuestras actividades del boludeo crónico al comentario filosófico-deportivo de la vida incesantemente. Como suele suceder, al asistir a secundarios distintos, comenzamos a vernos menos. Después cada uno tuvo sus novias que reclamaban, con derecho, su cuota horaria; con la particularidad de que no solían llevarse bien entre ellas. Aún así, la amistad permaneció intacta. Esa sensación de entendernos el pensamiento de reojo, de complementarse siempre, jugar la pared corta, o armar espontáneamente la escena del policía bueno y el policía malo, no desapareció. Ni siquiera después de pasar meses sin vernos.

Para cuando cumplió veinte años, Hernán llevaba dos de búsqueda laboral sin éxito, no tenía asistencia económico-familiar para la buena vagancia y para colmo aquella novia lo había abandonado. Un día me llamó por teléfono y me avisó que se iba a vivir a Sudáfrica. A partir de ahí fue siempre él el que llamaba porque para mí era más caro y él siempre andaba cambiando de número. Pero lo cierto es que no le fue nada mal, y si bien yo sabía que extrañaba su tierra, el buen pasar eliminaba cualquier intención de retorno. La primera vez que lo llamé yo a él fue en Enero de este año. Cualquiera diría que era una llamada interesada y estaría en lo cierto; pero entre nosotros nunca hubo ese tipo de consideraciones. Después de tres timbrazos escuché su voz:

- Boludo, el mundial empieza en cinco meses, ¿recién ahora se te ocurre llamarme?

No, claro que no se me ocurría recién en ese momento, hacía como un año que venía sacando cuentas. Yo quería llevar a la patrona, porque además sabía que la holandesa que se había levantado allá era de lo más copada. Pero no hubo caso, si quería ir a por lo menos un partido ya no alcanzaba para dos pasajes. Por bastante tiempo tuve casi descartada la idea, pero más se acercaba el mundial, más me subía la fiebre. Finalmente, luego de una charla de dos horas el amor de mi vida me convenció de que lo hiciera, 100% de apoyo, y yo sabía que en algún momento se la iba a cobrar.

Llegué quince días antes de la fecha inaugural, como no pagaba alojamiento, no resultaba mucho más caro evitar el quilombo de vuelos de último momento. Y además teníamos que ponernos a tiro luego de siete años de amistad a la distancia. Apenas bajé del avión me esperaba con una noticia sorpresa: había encontrado una escuelita de teatro en los suburbios de Johannesburgo donde unos estudiantes daban una obra basada en los poemas de Victoria Ocampo, autora que él sabía había despertado mi pasión literaria. La coincidencia era realmente asombrosa, que unos pibitos de dieciséis años a ocho mil kilómetros se pusieran a laburar con eso me hacía repensar si la cultura general argentina era tan buena comparada internacionalmente como yo creía. Después de dejar los bolsos en su casa y pegarme una ducha emprendimos el viaje hacia el lugar. Al llegar sacamos los boletos, fumamos dos cigarrillos como en los viejos tiempos y entramos a la sala que ya estaba a oscuras. Los chicos como era de esperar actuaban pésimo, mezcla de rito pagano y acto de escuela, y como también era de esperar no entendía un comino de lo que decían, pero me la banque como un duque. Pero ya transcurridos quince minutos de obra no me quedó duda de que lo que estaba viendo era “Los Traidores” de Silvina Ocampo, a quién aborrezco profundamente. Como sabía que a Hernán le daba lo mismo cualquier cosa y probablemente estaba pensando en que íbamos a comer a la salida, no dude en darle la orden de retirada en ese mismo momento. Así, después de salir a hurtadillas, nos encontramos fuera del lugar. No me molesté en explicarle a mi amigo que diferencia enorme hace un nombre de pila, como calculo que usted no se molestaría en explicarle a un checoslovaco que diferencia enorme hay entre un chileno y un argentino.

Caminamos dos cuadras hasta una parada de taxis, el primero de ellos tenía una bolsa de plástico de color atada a la puerta del acompañante, la cual me pareció como una especie de señal. Agarré a Hernán del brazo y le dije:

- Mejor tomemos otro

- Pero no seas pelotudo, ¿Qué te pensás? ¿Qué seguís en Argentina? – me respondió, obviamente interpretando mi preocupación.

La verdad es que a mí el país no me parecía para nada seguro. Pero él me aseguraba que era sólo en pinta. “En cambio en Argentina te parece que estás en el mejor lugar hasta que te ponen”. El auto era una especie de Volkswagen Senda y estuvimos un rato yendo por una autopista. Hernán hablaba conmigo y cada tanto cruzaba algunas palabras con el chofer y me guiñaba el ojo como diciéndome: “¿viste cagón?”. De esa conversación nuevamente yo no entendía nada, pero de a poco sentí como iba subiendo en volumen y en tensión, además Hernán ya no retornaba a nuestra conversación inconclusa que probablemente era de minas. Llegado cierto punto evidentemente reconoció que no podía seguir negando la situación y me miró con cara entre sorprendida y adrenalínica diciéndome: “Este negro de mierda se piensa que nos va a afanar a nosotros”. En el mismo momento el conductor-ladrón tomo un arma de la guantera y se enfiló para una bajada que evidentemente no era la nuestra. Antes de darle tiempo para apuntarnos comenzamos a forcejear. Mayormente yo sostenía el brazo en el que llevaba el arma y Hernán lo golpeaba lo más duro que podía dada la incómoda posición. Nunca nos dimos cuenta que íbamos tan rápido, sólo cuando pude zafar la pistola de la mano pude mirar para afuera y alcancé a gritar:

- ¡Pará que nos matamos!

24.8.10

Crónicas de una vida de subtextos y doble discursos


En Donostia

Ayer vi una publicidad de un libro de Paulo Coelho que anunciaba “BEST SELLER” y pensé que lindo si todo fuera asi. No te ponen que el libro es interesantísimo, que puede cambiar tu vida o un resumen de la temática del mismo.Te ponen “BEST SELLER” que viene a ser el que más vende. Así, bien clarito y sin rodeos: este tipo escribe lo que MUCHA gente quiere leer. Como los oradores/panelistas/comentaristas de variados simposios/conferencias/presentaciones solamente que ellos no lo explicitan, aparentemente extraen sus objetivas conclusiones de datos duros porque si uno exprime los números lo suficiente siempre logrará que digan lo que sea. Por eso hay que estar muy atentos para que no nos mientan con estadisticas. Dicho sea de paso, esos simposios/conferencias/presentaciones generalmente son a beneficio de alguna entidad de beneficencia, pero la verdad es que nadie asiste por eso, ni tampoco por los oradores/panelistas/comentaristas (ya todos saben que van a decir, lo que queremos oir, obvio), sino para saludarse con todos, hacer/reavivar contactos y posiblemente concretar negocios. Por lo tanto, a los ojos empresariales, no es un donativo sino un gasto en publicidad, que incorporan a su función de costos y luego suman al precio de lo que venden. Y en seguida me acuerdo de Farmacity o Coto que te hacen sentir buena persona donando el vuelto, pero finalmente la donación la hacen ellos y se lo deducen de impuestos, con lo que a fines prácticos tu vuelto se lo quedó Farmacity o Coto y el Estado le da la plata (que dejó de cobrar) a Unicef. O los yankis cuando dicen trillion y en realidad son billones; o te dicen library y no es librería sino biblioteca…
O este nuevo tipo de lesbianas, las Biebians, que se visten y peinan como Justin Bieber que es un nene que se viste y peina como nena y es deseado por miles de nenas que lo desean a él pero no a las nenas que se visten y peinan como el nene que se viste y peina como una nena, o sea las Biebians.
O cuando en conocido living de la televisión se habla de “bandadas” de chicos que piden monedas en las calles, queriendo decir que son como animalitos…
O cuando Pino dice que se opone a la Megaminería a cielo abierto metalífera de oro pero quiere prohibir toda mega o miniminería, de cualquier metal, a cielo abierto o subterránea. O también cuando dice que el principal derecho humano es el de la seguridad.
También sucede cuando te llaman para venderte un seguro de vida, que no te preguntan si te pusiste a pensar que pasa con tu familia si mañana mismo espicharas, sino que te ofrecen un producto para personas que se interesan en el futuro de su familia (porque si no te sacas un seguro es porque sos flor de garca egoísta), y cuando te llaman y te dicen que detectaron que estás gastando de más en tu línea telefónica y si querés activar el “pack ahorrador” por el que vas a gastar $30 menos por mes en tu factura (en el mejor de los casos si continuas el uso como en los meses que tomaron ellos) pero te estan ofeciendo cambiar de prestador en llamadas de larga distancia.
Lo que quiero decir mis amigos es que es realmente cansador, muy cansador, ir decodificando todos estos mensajes que nos rodean en la vida, desde los más pequeños a los más grandes; harían falta más rótulos o declaraciones tipo “BEST SELLER” que sin dejar lo marketinero (no se puede pedir tanto) nos dicen lo que verdaderamente es.

14.8.10

El Beso del Hombre Gato Montés (Parte I)

Venía caminando por 25 y sabía que al doblar a la derecha en Alem sentiría el viento frío que sube desde el río al atardecer, sobretodo en las mejillas. Pensaba en la polémica que se venía dando en el Congreso desde hace unos meses por las actividades de una empresa anglo-holandesa dedicada a la bio tecnología. El cuello estaba rodeado por una bufanda interminable, casi como la chalina de la Duncan, no llevaba guantes pero tenía las manos dentro de la manga de la campera, asi que las mejillas eran el único problema. El servicio era carísimo, pero eran los únicos que hacían una cosa así, T-R-A-N-S-M-E-N-T-I-Z-A-C-I-Ó-N, o en buen criollo la mudanza del estado conciente a un cuerpo animal; es decir, no-humano. Se imaginó que al avanzar unos metros por Alem, frenando a paso cortito por la bajada, se la iba a encontrar a Delfina apoyada contra el poste, y así ocurrió. La duración de la experiencia se determina antes por escrito, puesto que después de la mudanza y dependiendo de la especie elegida, se hace un tanto difícil la comunicación con el cliente. Pudo prever que la primera pregunta iba a ser como le había ido en el simulacro de incendio, ya que ella había conseguido novio así, y hacía meses que la venía machacando con este día. Frecuentemente también pensaba, con cierta pena, en los animalitos que perdían la vida en el proceso; y también, con cierto asco en los gélidos cuerpos humanos, como en ataúdes, en estado de suspensión. A pesar de haber cumplido con el compromiso de estar bien vestida y perfumada, su amiga le disparó la pregunta antes de bajar el pie del cordón, cruzando por mitad de cuadra se acordó que era más peligroso, sobre todo ahí que por la subida no hay más de 40 metros de visibilidad, pero ya estaban más cerca de la otra orilla. Obviamente no era la única afligida por la situación, otras personas más aguerridas, como los que se agrupan en defensa del bienestar de los animales, habían logrado imponer su grito en el Congreso. Se distrajo al tomar inconcientemente un volante que le entregaba una señora bajita, justo donde empieza la escalera del subte; Topo, sentenció Delfina sin vacilar, son excelentes en ese negocio. Al pasar por la televisión del café, vió como en el Congreso seguían considerando el retruco con el que habían salido los ingenieros de la compañía: en lugar de sólo mudar la conciencia humana al cuerpo animal, mudan también en el mismo procedimiento, la conciencia animal al cuerpo humano. Mientras hacían la cola para sacar boleto, soportaba las críticas de su amiga, por estar sola, porque no la escuchaba, porque salía poco de su casa, porque no se interesaba en nada, porque no hacía caso, porque miraba para cualquier lado. Ella para sus adentros, razonaba que era una solución WIN-WIN: no se perdía ninguna vida y los clientes se ahorraban todos esos costos de la criogenización, incluso parece que había algunos ecologistas que defendían a la empresa porque notaban que la experiencia reforzaba la empatía con los animales, y también aumentaba los donativos. Paso cortito adelante y no pensó más, se quedo como con la última ese de donativos, flotando en el aire, tuvo como una calma y alcanzó a decir: ESE. ¿Ese? Preguntó sorprendida Delfina que parecía no dejar de hablar. Sabía que era común, especialmente con las especies más dóciles, la asignación de alguna tarea sencilla en intervalos regulares, con lo que el cliente podía financiar, al menos parcialmente, su sustento. Sí, ese. No mi amor, ese es gato montés dijo Delfina. ¿Segura? Preguntó ella mientras recordaba que Delfina tenía excelente ojo para estas cosas. Y si, estaba segura. Incluso ella se habría dado cuenta de lo evidente de no estar obnubilada por la carencia de sexo. Abundante vello facial, posición corporal acechante, y ahí nomás lo terminó de confirmar cuando evidentemente se sintió observado y se dio vuelta como buscando al observador. Cuando le encontró la mirada, largó una sonrisa franca, como si se hubiese relajado al confirmar que era un cuerpo minúsculo de muy-poco-amenzante carita. Ella puso la mirada fija en el suelo, oleadas de adrenalina le recorrían el cuerpo, sabía el tipo de condena social que había para quienes intimaran con esos animales encerrados temporalmente en cuerpo humano, y sentía en la oreja la mirada de reproche de Delfina. Pero fue inevitable, ya lo tenía al lado extendiendolé un papelito doblado en cuatro y susurrándole al oído: Llamame.

12.7.10

Pequeño tratado sobre circulación pedestre

Si lo que anda buscando son fotos de niñitos desnudos, usted es un pedrasta y debe corregir su término de búsqueda.
Ahora sí, vamos a lo nuestro. Mi idea surge (como muchas) de uno de esos documentales de Discovery donde mostraban como unos ingenieros norteamericanos utilizaban diversos análisis dinámicos para estudiar el tráfico. De sus incontables autopistas, claro. Pero a mi me pareció mucho más interesante (y más complejo lamentablemente) el tráfico peatonal. Me imagino que a su vez hay toda una parva de ingenieros todavía más sesudos que se dedican a esto y no aparecen en Discovery. Los contratan los shopping centers y los casinos para que propongan los diseños edilicios en los que es fácil adentrarse, pero muy difícil salir. Junto con sociólogos podrían explicar algunos comportamientos muy curiosos, como por ejemplo que en determinados pasillos y peatonales, la gente mantenga el sentido de circulación automotor (por la derecha), aún en ausencia de reglamentación alguna. O por ejemplo porque hay gente que no tiene problema en cruzar por mitad de cuadra con auriculares puestos y mirando para cualquier lado, pero llega a la esquina con prioridad para cruzar y se queda esperando que doblen los autos.
Pero como no soy ingeniero ni sociólogo me lavo un poquito las manos y humildemente les traigo mi “principio de nivelación hacia abajo en la velocidad de dos cuerpos que se mueven con distinta amplitud de onda”, desarrollado en mis adolescentes tardes en las calles de parque chacabuco. Y postula lo siguiente:
Dado un cuerpo A que se mueve a una velocidad X, pero que realiza un movimiento zigzagueante u ondulatorio y, entonces tiene una velocidad final en línea recta de M < X
Considere otro cuerpo B, que viene detrás y se desplaza hacia el mismo objetivo que A (supongamos el final de la cuadra) en línea recta. Si su velocidad es Y tal que M < Y < X es muy probable que B entre en una dinámica que lo lleve a una velocidad final M, nivelando hacia abajo. Esto ocurre porque cuando B alcanza a A, éste último se ve obligado a reducir la amplitud de su onda (o zig-zag) para impedir la colisión, aumentando M a un nivel superior a Y, y entonces B es incapaz de sobrepasar a A. Se quedará caminando a un ritmo que le es incómodo hasta que el borracho, chueco o vieja imbécil que tenga adelante se le ocurra doblar en alguna bendita esquina. Yo soy B, por si no se había notado.